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Dando caña desde Canet - Sagunto

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tolopesco

Pescando en Tailandia

Pescando en Tailandia: Pesca de mar, pesca de río.

Tenía que pasar algunas semanas en Tailandia por motivos profesionales y como empedernido “fishaholic” que soy, me propuse investigar las posibilidades para pescar durante mi estancia.

Según pude averiguar en Internet la oferta de pesca marítima se limitaba a algunas empresas que ofrecían los típicos charter modernos que no consiguieron ilusionarme. Al parecer y según la opinión de mis corresponsales locales, la costa tailandesa no es la de Senegal ni mucho menos.

Las otras embarcaciones, típicas del país son unas “golondrinas” totalmente construidas en madera, muy lentas y capacidad para unas 40 personas, cuyos propietarios las destinan a llevar a los turistas desde los puertos principales muy contaminados a destinos más atractivos en las variadas islas e islotes que se ven desde su costa. Los viajes suelen ser excursiones diarias que se pueden contratar en centros de buceo y en los mismos hoteles y pueden comprender diversas actividades como snorkeling, scuba diving e incluso pesca de fondo. Tras probar algunas de estas opciones te puedo asegurar que si tu objetivo principal es divertirte pescando no lo conseguirás con estos programas.

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Mejor opción puede ser alquilar como hice yo, una motora con patrón de unos 6 o 7 metros por un precio entre los 20 y los 60 euros por una mañana, en función de la temporada y de vuestras dotes para el regateo. No esperéis pescar gran cosa a menos que os dediquéis a los calamares, que son muy abundantes en estas costas del mar de Andamán, o a las gigantescas sepias Faraonis. Pero primero hay que dar con ellas y no esperéis mucha ayuda por parte del patrón que no suele ser marino sino taxista.

Los cebos y los equipos los tenéis que llevar de casa preferiblemente. Una opción razonable es llevar en la maleta el carrete preferido del tamaño 5000, cargado con trenzado de 30 libras y comprar allí una caña barata o alquilarla.

La pesca que de verdad gusta en esta parte de Asia es la de agua dulce: Miles de opciones en estanques, ríos y pantanos. Presas de enorme tamaño: Mekong Cat Fish de mas de 100 kgs, rayas de agua dulce de pesos similares, enormes carpas y fauna importada como los Arapaimas se pueden pescar utilizando los servicios de varias empresas fáciles de encontrar en Internet. Yo no he tenido suficiente tiempo disponible para estos safaris, así que me he tenido que conformar con la pesca más popular y mas apreciada por los pescadores deportivos locales: La pesca de estanque.

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La pesca de estanque.

En Tailandia hay cientos de estanques en los que se puede practicar esta pesca de pago: Un individuo posee un estanque, lo puebla con Peces Gato, Carpas o Arapaimas entre muchas otras variedades disponibles, y los cuida y alimenta para que alcancen unos tamaños atractivos para el pescador con medias a partir de los 4 kgs. En paralelo arregla las orillas con muelles transitables, apoyos acolchados para las cañas, cabañas en la orilla con mesas y sillas para que los pescadores se instalen cómodamente protegidos del sol y cerca de las cañas, servicios de camarero que te trae comida y bebidas frías a cualquier hora y aseos públicos. Siempre hay guías de pesca disponibles que te enseñarán a preparar los aparejos y cebos y te ayudarán con el salabre. Los cebos los venden también allí e incluso en los estanques mejor instalados hay tienda de pesca y alquiler de cañas y carretes. He visitado varios de estos estanques, ellos usan mucho la denominación inglesa “Fishing Parks” y en todos ellos me he divertido:

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El mas lujoso y conocido es el Bun San Ran Lake, está a las afueras de Bangkok pero olvidaros de llegar por vuestra cuenta porque los operadores ocultan su dirección y en cualquier caso es laberíntico. Si queréis ir, experiencia que os recomiendo, conseguid un taxi en el hotel que os garantice que conoce el lugar, eso os ahorrará el costo excesivo de ir con un operador de pesca.

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Una vez allí, en la entrada hay un mostrador donde tendréis que pagar la entrada, donde os alquilarán la caña y el salabre y donde os venderán el cebo que es pan triturado con algunas esencias de fruta. Valláis solos o en cuadrilla os recomiendo pedir un guía la primera vez: El cargará con cebos y equipos, os guiará a una cabaña libre en buen sitio, os preparará los aparejos y os pondrá los cebos, cosa imposible si no se tiene experiencia previa. Yo he estado pescando allí con mi guía y las plazas a derecha e izquierda estaban ocupadas por Tailandeses expertos y ricos a juzgar por los Estelas de último modelo y las cañas de jigging japonesas que llevaban. Ellos no llevaban guía porque conocían el modo de pesca y porque al ir en pandilla podían ayudarse a sacar los peces con el salabre. Pues bien, en una tarde mi guía me hizo pescar unas 12 piezas entre los 6 y los 25 kgs. En ese tiempo mis vecinos sacaron “solamente” 4 o 5 y ninguno mayor de 12 kgs. El presupuesto de todo incluyendo el guía no superará los 60 euros por una jornada de día o de noche. Un buen plan podría ser llegar por la tarde sobre las 16:00 horas y pescar hasta las 24:00 para huir del calor excesivo de la mañana, pero como está abierto 24 horas…vosotros mismos.

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Se pesca con una sola caña, dada la abundancia de peces y los aparejos son especiales para masas de pan o harinas, siendo indispensable usar cebadores de tipo espiral. Los anzuelos tipo Owner de ojal atados con trenzado de 50 libras. Son aguas turbias y los peces nunca verán las líneas. No obstante éstas indicaciones no os deben preocupar porque en todos los sitios mas preparados que os indico aquí, vuestro guía os proveerá de los aparejos adecuados.

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Disponiendo aparejos y cebos correctamente y lanzando al lugar preciso, cosa que os garantizará el guía, obtendréis un pez de al menos 6 kgs. cada dos o tres lanzados. Con un poco de suerte alguno de ellos pesará 25 kgs. pero también se pescan monstruos de 100 kgs en Bun San Ran.

El sistema es “catch and release” gratis todo lo que podáis pescar, si alguien quiere llevarse uno, se lo venden por una pequeña cantidad el kilo y si quieres comértelo, te lo guisan allí mismo. Podrá objetarse la deportividad de este tipo de pesca, pero sin duda es una forma de pescar muy cómoda y una experiencia exótica y divertida.

Los demás estanques no son tan buenos en general como el famoso Bun San Ran, pero infinitamente más baratos. Muchos solo te cobran el cebo, a 2 euros el cubo que te dura 3 horas, y se conforman con el beneficio de las consumiciones que hagas, muy baratas por cierto. Pasas de los 60 euros de presupuesto en el citado Bun San Ran a 10 euros en cualquier otro estanque. Puedo recomendar el Jomtiem Fishing Park en Pattaya o el que hay en Sri Racha. De todos modos el que quiera mas detalles que se ponga en contacto conmigo.

tolopesco

-¿Sabes que en la Roca del Grao están sacando sacando dentones y samas que no es normal?.

-No jodas ¿Al jigging?.

-¡Si tío! Unos de Valencia con una barquita pequeña que pone Hiro.

-Pues habrá que ir.

-Pues este sábado en mi barco. Salimos desde La Puebla.

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Esta conversación telefónica tuvo lugar este otoño, entre mi amigo el de Pobla Marina y un servidor. Nos había dado a ambos por prospectar nuevas zonas, cada uno desde su barco y compartir señas y hallazgos.

La zona no nos era desconocida y la mayoría de su relieve submarino estaba ya en el Max Sea de abordo. Nada mas llegar vimos un par de lanchas pegándole en un sitio conocido donde el fondo se levantaba formando una mesa.

El primer dentón de unos 3 kgs. le pegó en seguida a mi compañero el patrón y en menos de un minuto entraba en mi salabre. ¡Joder, esto promete!.

¡BONG, BONG! Mi triflex que había quedado en el cañero, apenas levantado el searock de 125 grs. unas pocas vueltas para no enrocar, estaba volviendose loca y doblándose de forma preocupante. La tomé ¡Este es bueno!...Se soltó.

Vuelvo a lanzar a favor del viento y nada mas tocar fondo ¡Bing, Bing! Recojo.

-¡Serranooo!- Anuncio, no del todo descontento.

-¿Y si lo ponemos con una botella? Dice mi compi...-¡Espera, creo que tengo otro!.

Como disponíamos de aparejos montados, con ancoreta terminal y anzuelo corrido, realizamos los montajes en un plis plas mientras retomábamos de nuevo la deriva justa.

No nos aburrimos: Una de las botellas empezó a bailar al pasar por la zona donde habían pegado los otros. Recogimos sin tensión: El serrano había volado ¡Mala suerte!.

-¡Hostia, la otra! ¡BONG, BONG...BOOONG! Este dentón (unos 4 kilos) también acabó ensalabrado.

Estábamos satisfechos y no quedaban serranos, dimos otra vuelta y el patrón se dedicó, esta vez indolentemente, a bailar un rubber jig de unos 100 gramos. -¡OOOOPS!

-¿Te ha pegao?

-¡Sí, sí, joder! Recoge, recoge...al salabre. Otra bonita pieza de 3 kilillos.

-¿Vamonos?

-¡Vamonos!...Y contentos como unas castañuelas.

-¡Oye!...¡No se lo digas a nadie el sitio!

-¡Ni de coña!.

FIN

tolopesco

Casi todos estamos familiarizados con esta gráfica de abajo de las webs Puertos del Estado: Mirad la altura de la ola de 15 metros en la boya de Santander. Hay que tener en cuenta que lo que transmite la boya es la llamada ola significante. Para su cálculo, las boyas automáticas, que miden la altura de las olas y transmiten luego los datos a la base de Puertos del Estado, recogen las 100 últimas, de las que extraen las 33 más altas y calculan una media, que recibe el nombre de significante.

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Hasta este temporal, el récord histórico de oleaje en las costas españolas lo tenía la boya de Estaca de Bares con 12,8 m en el temporal de 11 de marzo de 2008 ( las boyas solo tienen registros desde el 1996)

El problema es que se supone estadísticamente que la altura de la ola máxima es 1,5 veces el de la ola significante, lo que quiere decir que en la noche del 24 de enero pasó algún monstruo de 22,5 metros.

Hay que señalar que los 13 metros de ola significante de Silleiro, Villano y la Estaca también pulverizaron el récord de 12,8 y se convierten en el máximo medido en Galicia. Las olas máximas serían de 19,2 metros.

FIN

tolopesco

Adios Pepe Vargen...

Lo conocí personalmente en el Cipri, en una de las primeras comidas de hermandad del foro. Ya conocía su fama de pescador y la de su barco el Eclipse: Un tipo discreto y amable. A mí también me enseñó a confeccionar sus aparejos de paternoster con perlitas, de esos que resisten y no se lían. Los preparaba con unas microperlas diminutas, cubría los anzuelos con papel de aluminio y los embolsaba, listos para su uso, en pequeños álbunes de fotos por número de anzuelo.

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Si creemos que hay algo mas allá, podemos dar por seguro que Pepe esta bien. Acompañemos en cambio en su pena a su familia y al pobre Julio, su colega de tantas pesqueras que lo estarán echando tanto de menos.

tolopesco

El Mani, el Javi y el Tolo

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Tengo muy buenos recuerdos de mis primeras experiencias con el jigging, hace muy pocos años, con Jaume el Manisero y su primo Javi ¡Valla dos spinners!. Usabamos unos pseudo searocks niquelados de 80 gramos que lo pescaban todo. Los hacia el Manisero en el taller que trabajaba de escultor. Ya no le siento por el foro ¿Que habrá sido de el?.

Fue una mañana fea y ventosa en la Roca de Almenara en un sitio con un relieve no muy abrupto, pero que visito a menudo y que ya me ha dado otros dos "cabezones":

Caña Triflex Caranx Medium, carrete Simano Stella, trenzado amarillo Power Pro de 30 libras, 4 brazas de fluorocarbono de 40 libras y un jig Searock de 125 grs. con su ancoreta original. Profundidad 38 metros. Movimiento tirones largos y pausados y cada 10 veces recogida rápida sobre los últimos 15 metros y vuelta a soltar. Dejando derivar el barco.

¡BONG! Clavó como un enroque y enseguida varios cabezazos violentos ¡BONG! ¡BONG! ¡BOOONG! que me llegaron a sacar algo de hilo, a pesar de tenerlo siempre tarado a unos 10 kilos. Tardé un par de minutos taquicárdicos en tenerlo a tiro de salabre, ambos él y yo con el bofe fuera: Él por la descompresión y yo ... por la adrenalina.

¡Que bonito que era! Unos tres kilos de plata constelada de azul. ¡Ahí me enganché!. FIN

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tolopesco

Quiero conservar aquí, mas a mano, este artículo de mi admirado Perez Reverte:

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Hay algo equivocado en la idea que los españoles tenemos de la navegación deportiva: competiciones transoceánicas, yates fondeados en lugares lujosos, regatas con la familia real al completo y nietecitos rubios incluidos, ropa supermegapija de marca y mucha America’s Cup, que es como –tan idiotas para estas cosas como para otras– llamamos ahora a la Copa América de toda la vida. Esa idea errónea se ve reforzada por nuestro sistema de puertos deportivos, y por la imagen que de ellos dan ciertas organizaciones ecologistas, bloqueando proyectos que, ejecutados con honradez e inteligencia, serían beneficiosos para todos. Y así, España, pese a estar hormigonada de costa a costa, es paradójicamente uno de los lugares peor dotados en puertos deportivos de la Europa mediterránea. Y cuando se construyen, es para dejar fuera a los auténticos navegantes. A la gente de mar con vocación y ganas.

Para advertir la diferencia, basta mirar afuera. En cualquier época del año, haga frío o calor, con sol o nublado, con viento o sin él, te asomas un fin de semana al fiordo de Oslo, a los alrededores de la isla de Wight o a la bahía de Hyeres, por ejemplo, y encuentras el mar lleno de velas de todos los tamaños; de familias que navegan lo mismo en barcos de esloras grandes como en veleros de cinco o siete metros, o pequeños balandros. Se trata allí de una afición real a los barcos y la navegación, practicada lo mismo por fulanos canosos con pinta de patrones curtidos, que por señoras intrépidas y tranquilas amas de casa, o niños de pocos años que, con sus chalecos salvavidas puestos, manejan con soltura cañas y escotas. Todo eso crea un ambiente marino auténtico, de lo más agradable. La sensación de que esa gente ama el mar y lo disfruta.

Aquí es diferente. Excepto los admirables pescadores deportivos, que salen con sus barquitos en cualquier tiempo, los navegantes españoles suelen ser de verano y domingo soleado con poco viento. Sobre todo en el Mediterráneo. Si navegas en invierno por las costas españolas, cuando ves una vela que viene de vuelta encontrada sabes que, en nueve de cada diez casos, se trata de un inglés, un holandés o un francés. Pero ésa no es la cuestión. En los barcos españoles, lo usual son las esloras largas, de doce metros para arriba. Es frecuente, incluso, cierta proporción inversa: a menos horas navegadas, más enorme es el barco. Y si se trata de barcos a motor, ni te cuento. Lo nuestro es barco grande, ande o no ande. Con el resultado de que los pantalanes están llenos de yates a motor y veleros ridículamente enormes, que nadie usa más que un mes al año; pero que sirven para pasear por el club con ropa náutica a la última, ir quince días a Ibiza o, como mucho, fondear a dos millas del puerto, los domingos de sol, con la familia y los amigos. Ése es el tipo común de propietario que ocupa puntos de amarre en los puertos españoles. Y lo que es peor: el personaje a cuya imagen y semejanza esos puertos se han construido en los últimos veinte años, y se van a seguir construyendo, ahora más que nunca.

Porque ésa es otra. Puesto que de momento el ladrillo tierra adentro se ha ido a tomar por saco, algunos de los sinvergüenzas que mataron a la gallina de los huevos de oro le han echado el ojo a los puertos deportivos. Toda esa posibilidad de cemento y dinero –negro, como de costumbre– los pone calientes. Y como se da la oportuna casualidad de que nuestros puertos están bajo la jurisdicción de las mismas autoridades autonómicas con las que esos pájaros se comen las gambas a la plancha, todo es cosa de reconvertir objetivos. De pronto, sospechosamente, las concesiones que antes tenían modestos clubs náuticos y pequeños puertos locales, donde aún se respetaba el barquito pesquero o el velerillo de poca eslora, se han vuelto presa codiciada para una increíble cantidad de golfos ladrilleros, con sus padrinos, que buscan adjudicarse ampliaciones y concesiones portuarias en las que, naturalmente, las palabras navegación y deportiva son lo de menos. Mucho punto de amarre, en cambio, para grandes esloras, que son las que dejan pasta: de cien mil euros para arriba por barco. Figúrense. Así, a los promotores –que además lo ignoran todo sobre el mar– les da igual que esté allí un español que un jubilata extranjero, que al final suele ser quien afora. Y a los usuarios de toda la vida, que les den. Si antes resultaba difícil para los patrones humildes encontrar amarres, a partir de ahora será imposible. Ya lo es. A eso añadan el calvario del papeleo, la burocracia infame y la absurda normativa que el Ministerio de Fomento exige a la navegación deportiva en España. El resultado es que esa jábega de golfos está consiguiendo hacer verdad lo que antes era mentira: que el mar sea un lugar para ricos y domingueros, y que ni siquiera un modesto barquito de vela esté al alcance de todos.

:wub:

tolopesco

Toni Miyam, Antonio La Polar y Manu Tolopesco

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Había organizado, mas bien liado, a algunos de los contertulios mas fieles del foro "los de Valencia" a una concentración, arrejuntamiento en ciertos foros amigos, sin mas objeto que el de volver a pasar un rato juntos, unos días antes de Navidad.

Para darle el aliciente que siempre ofrece la competencia, les propuse jugar a quien pescaba mas especies y costear un jamón entre todos, que se llevaría un único ganador. La idea recibió buena acogida y en seguida aparecieron por el tema las esperadas puyas, retos y desafíos.

Que si -¡Yó ya me estoy comprando el jamonero!

Que si -¿Tu que vas a pescar mig-pollet?.

Las reglas eran bastante simplonas, como me pareció que correspondía a una fiesta de amiguetes: Como modalidad vale todo, menos la dinamita, como se apresuró en especificar Toni, ofendiendo un poco nuestra integridad de "cachanrilisers". 10 puntos por especie y 1 punto por pieza. Allá cada uno con las tallas mínimas.

Llegó el día esperado. Un sábado frío de Diciembre con el anticiclón en el cogote y la mar como un plato. Mi único tripulante -Julius- apareció con temblores, sospecho que producidos por el "mono" de no haber cogido la caña en varias semanas.

Había oido hablar de enormes capturas de doradas escapadas de unas piscifactorías cercanas. Semanas antes había rastreado con éxito a la embarcación presuntamente implicada en esas tropelías, así que ya tenía claro el punto idóneo para empezar la jornada. Había que asegurarse tres especies atípicas en invierno: La dorada, el jurel y la anjova. El pescado de roca vendría después mas fácilmente.

La ausencia de brisa nos permitió realizar una lenta deriva paralelos a las boyas amarillas de la granja marina. Con langostino como cebo en el "paternoster" de dos anzuelos me dispuse a pillar una de esas pálidas doradillas desescamadas de campo de prisioneros. Mientras, mi tripulante pasaba de mis instrucciones y febrilmente preparada un lamentable aparejo de plomo corrido, cebándolo con unos maravillosos americanos que yo quería reservar para otras aguas.

La dorada no tardó en aparecer, seguida de otra dorada y de otra, y de ...¡Coño doblete! ...Mientras mi compañero, que ya empezaba a rascarse los antebrazos obsesivamente, no obtenía ningún fruto de las plegarias que yó le veía murmurar.

Ya cumplido el cupo de exprisioneras, me dispuse a montar un aparejo compuesto de una traca y un rubber de 100 grs. para ver de engañar a los siguientes en la lista: Anjovas y jureles.

-¡Por fin! Gruñe mi compañero: Su caña se había arqueado alegremente y la pieza prometía ser bonita...¡Que cabrón! Una vidriada mucho mas grande que mis doradillas que embarcó sin ayuda en un periquete. Me miró con suficiencia, y me dijo ¡Creo que te voy a hacer caso y poner langostino!.

En la siguiente deriva yo le explicaba que mientras pescaba con langostino en el "paternoster" iba a poner una cañita blanda con la traca y el "tamagochi" para que pescara sola en un cañero casi paralelo al agua. Él me escuchaba con educación y cierto desinterés...

-Vale ¿Tu crees que picará algo?

Seguí alternándo las hambrientas doradas con algún pagel pequeño, que mi compañero que había ya obtenido un segundo premio consistente en un precioso pagel cuasi kilero, observaba con cierta displicencia.

-¡Oye tu caña! Exclama asombrado mi marinero, refiriéndose a la solitaria que colgué en la banda y que movía el barco en su vaivén.

-¡Sacala, sácala! Le apremio. Se afana y observa asombrado un doblete de anjovilla de 200 grs. y jurel.

-¡Jo, Jo! Presumo. Son 22 puntos.

-¡Jo, que suerte! Me dice el tío asombrado.

Vuelvo a calar traca y "tamagochi" a una braza del fondo y continúo a puntuar con la otra caña en la mano, ya pensando en mover a otro sitio.

-¡La caña esa se dobla mucho! Murmura el colega:

La tomo, noto un pulpo, seguro que es un pulpo, y gordo. Bombeo y le aviso:

-¡Un pulpo, salabre!.

-¡Un pulpo? ¡Joder tío!.

Lo subimos sin problemas y mi marinero muestra su oficio liquidándo al infeliz, dándole la vuelta a la cabeza como un calcetín en un plis plas.

-¡Vámonos a por una chucla, a ver si hay suerte! Le digo.

Nos alejamos sólo, unos cientos de metros. Tenía una seña donde el día anterior, entrenando, había clavado la primera chucla de que tengo recuerdo. En el roquero: Menudearon mas pageles, serranos, bogas, algún sargo y ¡Joder! Dos chuclas.

Entre las chuclas y el aparejo de la traca que seguía sacando el solo, un número absurdo de jureles, algúna anjova mas y hasta pageles de buen tamaño, mi marinero estaba maravillado...y un tanto mosqueado.

-¡Joder con la puta traca! Musitaba ensimismado.

-Y dice el tío que viene a por una chucla y saca un doblete.

Tras hacer recuento y con la nevera amediada, concluimos que nos faltan aún extrañamente los puntos correspondientes a los omnipresentes pagres y una vaca.

-¡Tío, mira bien ese, que es un pagre!

-No Manu, es un pagel. Dictamina severo como un juez mi compañero.

-¡Hay que cambiar, recoge cañas! ¡Una vaca. Mi reino por una vaca!.

Debo confesar que carezco de los anzuelos,...y la finura, necesarios para pescar doncellas en la mar y en la vida. Así que no contaba con ellas. Sé donde puede haber loritos, pero en invierno desaparecen. Había que encontrar una vaca y ordeñarla.

Por fin en unas piedras a poca profundidad cerca del puerto, la aparición de una vacucha esmirriada me llenó de satisfacción y pronto atrapamos el pagre que incomprensiblemente se había hecho tanto de esperar. Llevábamos 13 especies y ya era hora de retirarse y acudir al recuento y la comida. Tic, tic, tic...avisa la caña...La saco sin esfuerzo ¡Una hurta!.

-¡Hay que joderse! Refunfuña admirado mi sin par Patronio. ¡Hay que joderse, que suerte que tiene el tío!.

FIN

tolopesco

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A los que tenemos un barco, en mi caso un barquito :wub: , nos suele encantar que nos acompañen a bordo. Incluso algunos mas afortunados, armadores de un pesquero de altura, precisan ineludiblemente de esa compañía: La tripulación. En la mayoría de los casos sufrida y no remunerada, que por afición y amistad comparten los placeres y riesgos de las singladuras marítimas.

Con el ánimo de instruir a los nuevos tripulantes y armadores, he preparado este decálogo que recopila viejas y sabias costumbres marítimas:

Decálogo del tripulante –no- remunerado:

1. El barco es necesariamente una entidad –no- democrática. El patrón toma todas las decisiones.

2. Los tripulantes tendrán voz, pero no voto. Las disputas serán consideradas amotinamiento y tratadas en consecuencia.

3. Los tripulantes ayudarán en las maniobras y durante las operaciones de carga y descarga.

4. El exceso de equipaje está prohibido. Todo lo que exceda de una caña y una mochila se considerará exceso de equipaje y deberá ser aprobado previamente por el patrón.

5. En el ejercicio de la pesca, los tripulantes fijos utilizarán sus propios equipos y cebos.

6. El patrón elige el primer trofeo. El resto se reparte equitativamente.

7. El calzado náutico es obligatorio a bordo (los visitantes con chanclas serán arrojados al mar).

8. Los tripulantes fijos ayudarán a arranchar el barco a la vuelta, llegados a puerto.

9. Las provisiones para la jornada son a cargo de los tripulantes. Tratándose de de un tema de Seguridad, el patrón juzgará antes de la salida si son suficientes en cantidad y calidad.

10. Confidencialidad: Los tripulantes no revelarán ningún detalle recogido abordo tales como waypoints, trucos, infracciones, consumiciones ...etc.).

FIN. Año 2008.

tolopesco

El palometón

Este no es mío ¡Eeeh! Es uno de los muchos que lleva el fiera de mi vecino de pantalán.

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Miré el reloj: Eran las 6 de la tarde y la mar del sábado, después de les chubascos del mediodía, se había quedado bastante calmada. Navegaba yo solo, en mi pequeño Cap Camarat de 7,25 metros. Había colocado dos cañas al curricán con una caballa en cada una, pescadas al “jigging” con una traca de plumas blancas que me parecíeron demasiado grandes, unos 30 centímetros, pero las monté porque no tenía otras.

Estaba probando un, para mí, nuevo accesorio – pesca viva – consistente en un cono de plomo montado en una pequeña base de plástico rojo con dos pinchos, que se monta con facilidad bajo la cabeza del cebo impidiéndole girar sobre si mismo al ser arrastrado en la estela y que ofrece una natación muy natural.

Patrullaba en la isobata de los 5 metros, por la playa aún casi desierta de mediados de mayo, buscando palometones sin mucha fe. Las gaviotas pardelas chillaban muy excitadas por doquier, persiguiendo las abundantes sardinillas. Como no tenía ninguna confianza en las caballas, puse una tercera caña con un “raglou”, bastante larga, por tentar una lubína o una bacoreta cuanto menos.

De repente –“RAS, RAS”- Me giro a observar la caña cuyo carrete está cantando tan violentamente, un Penn pequeñito de 30 libras cargado con línea de color verde fosforescente del mismo libraje, y observo decepcionado que la línea sale ahora de forma continua sin interrupciones – “RASSSSSS” - ¡Está enrocada! Paro el motor, pero continúa saliendo -“RASSSSSS”- En efecto aún llevamos algo de arrancada. Dudo, aprieto el freno con cuidado y vuelvo aponer en marcha el motor, la línea viene tras el barco ¡No está enrocada!

La evidencia aún no me ha calado completamente pero con disciplina recojo primero las otras dos cañas una tras otra. Con la cubierta despejada, retiro la caña del cañero y empiezo a recoger línea, traigo algo que en un principio me parece inerte y solo un poco más pesado que el mismo cebo. Aún dudo de tener algo al otro lado de la línea, pero sigo recogiendo con atención - “RASS, RASS, RASSSS” - ¡Joder! ¡Que bestia! Pensaba excitadísimo mientras aguantaba la caña con ambas manos. Tenía que ser un palometón muy grande, o una lecha. ¡Arriba! Gira manivela, gira, gira “RASS” Gira, gira “RASSSSSS” ¡Hijoputa! Se me ha metido bajo el barco, me va a cortar con la quilla, con dificultad meto la puntera en el agua y logro cambiar de banda por la proa. Tras mucho batallar y renegar, por fin veo que llega el “leader”. Dejo la caña en el cañero y jalo a mano de los últimos metros de línea tratando de atisbar entre las turbias aguas de primavera.

De pronto el “toro” que está al otro lado del hilo, decide que ya está bien de cooperar y me arranca dolorosamente la fina línea de las manos desnudas. Nerviosísimo, dejo la caña y voy al camarote a buscar el par de guantes que llevo, muertos de risa, para ocasiones como la actual. Con los guantes puestos voy acercando a la “bestia” con muchas dificultades, cuidando que no rompa la 30 libras. No recordaba haber sentido nunca tanta fuerza al otro lado.

Finalmente lo veo ¡”Joooder”! Es enorme, ¡Enorme!. He olvidado coger el gancho. ¡Al camarote! ¿Dónde está? ¡Aquí ya lo veo, leches, se engancha en otra caña, que nervios! – RASS, RASS – Oigo en cubierta impacientarse el monstruo. Recojo otra vez con cuidado. ¡Ya lo veo! Es un palometón como un hombre de grande. Está cansado, logro acercarlo a la banda y por fin, me muestra el costado ¡Joder es enorme! Tengo la línea en la izquierda y alargo la derecha para coger el gancho, cavilando febrilmente como cojones iba a pasarlo por la borda sin que se soltara.

De pronto ¡Algo va mal! Levanto la línea sin tensión ¿Qué ha pasado? ¡Esta suelto! ¡Pero si sigue ahí a 1 metro de mi mano! Se ha equilibrado y se mueve despacio hacia delante y hacia el fondo ¡Valla cabezón que tiene! Por un instante de locura se me ocurre precipitarme a ganchearle como sea, saltar tras el y asirle de la cola. Siento nauseas, taquicardia, estoy hiperventilando.

Allí me quedé como un tonto, un poco mareado, durante unos segundos que no olvidaré fácilmente, le observé partir despacio pero ileso. ¿Sin foto, quién creerá mi aventura? Pasé de la excitación a la depresión. Me daban ganas de llorar ¡Mierda!.

Embragué de nuevo el motor y me dirigí tristemente hacia puerto. El cabrón había podido conmigo. Estuve divagando imágenes sobre que lo había embarcado y que me lo llevaba a puerto y le pedía a mi hijo adolescente que viniera a fotografiarme y que todos admiraban mi enorme palometón ¿Merecería un record?...Luego empecé a pensar que hacer con el cadaver, de llevarlo a casa ni hablar. Nos gusta el pescado pero no comemos palometón ¿Qué conocido podría querer un palometón? Me ví tirándolo a la basura y la imagen me resulto intolerable ¡Un animal tan bello!. Lo ideal hubiera sido fotografiarlo y devolverlo. Imposible yo solo, y matarlo solo por presumir excede lo que mi actual sensibilidad responsable puede soportar.

Empecé a pensar que quizá había sucedido lo mejor para ambos: Él salvo la vida y yo viví casi toda la emoción…sin sangre y sin cadáveres. ¿La zorra y las uvas?... ¡Quién me ha visto y quien me ve!.

FIN. Mayo 2008.

tolopesco

He tenido que viajar recientemente por motivos laborales a los Estados Unidos, concretamente a Michiana, la zona comprendida entre Míchigan e Indiana a orillas del Lago Míchigan: Oí que por allí había un río salmonero muy famoso, el St. Joseph. Se trata de una zona muy boscosa llena de ríos y lagos. La población que cuenta es católica y próspera, procedente de colonos irlandeses. A pesar de tratarse de una zona semiurbana con abundante población, así como industria y comercio, la naturaleza reclama constantemente mi atención, siendo el paisaje especialmente asombroso ahora en otoño con los bosques de hoja caduca cambiando sus tonalidades en diferentes escalas de color y tiempo. Los gansos, ardillas y ciervos son tan abundantes que se avistan continuamente desde el coche y sobre todo los mapaches. Estos desgraciadamente siembran de cadáveres los arcenes de las carreteras.

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Aquí el mes de octubre es plena temporada para la pesca del salmón: Los salmones de los Grandes Lagos con pesos sobre las 20 libras, abandonan sus zonas de caza habituales y remontan los grandes ríos como el St. Joseph, ramificándose luego por sus afluentes, hasta llegar al torrente perdido donde nacieron y allí buscar una zona arenosa apropiada, para desovar y morir. Para facilitar su subida por los ríos, algunas presas disponen, como también se puede ver alguna en Asturias, de “Salmon Ladders” o pozas formando escaleras para que el salmón pueda ir saltándolas y así superar el desnivel.

Siguiendo los consejos de aficionados locales conseguí primero mi licencia del Michigan Department of Natural Resources, 41 $ para todo el año. Es posible adquirir licencias diarias por unos 10 $, pero yo pensaba pescar mas de 4 días. Es de admirar la facilidad con la que se pueden comprar en los EEUU todo tipo de licencias de pesca o de caza en las tiendas y grandes almacenes, incluso los domingos. Yo compré la mía en el omnipresente Wall Mart.

Mi amigo Terry, gran pescador de mosca, me prestó sus vadeadores de repuesto, imprescindibles para esta pesca, durante toda mi estancia. Ya mis otros amigos locales, conocedores de donde me aprieta el zapato, me habían llevado mi primer sábado allí a visitar el famoso Cabelas en Dundee durante mi primer fin de semana allí. ¡Asombroso! Nada similar en España. Para imaginaros como es, pensad en un Hipermercado de los mas grandes; que solo vendiera caza y pesca, con las mejores marcas, y a precios de internet... Con grandes acuarios y estanques conteniendo todos los grandes peces locales y un almacén de cebos vivos enorme con grandes cubetas donde se pueden escoger y comprar todo tipo de cebos vivos, incluyendo variadísimas especies de peces cebo en cubetas con aireadores. Pero esto sería tema para otro artículo. El caso es que me había comprado a muy buen precio (80 $) una caña de spinning Cabelas de 9´5 pies de dos piezas para hilo de hasta 30 libras y señuelos de hasta 2 onzas, que pienso dedicar al lanzamiento de poppers y buldós de vuelta en casa y una monada de carrete Stradic 4000 (90 $), que para allí aún les parecía algo grande.

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Bien aconsejado, me dirigí durante mi primer domingo al Dowagiac River, un afluente del St. Joseph que me recordó mucho al Río Sella, con la ventaja de que se encuentra a unos 15 minutos de mi hotel en la ciudad de South Bend (también estuve viendo a los Irish en un partido de fútbol americano universitario). Hay allí una presa sin escalera que impide a los Salmones subir mas arriba y un pequeño parque público donde aparcar el coche y acceder al río. En Michigan hay muchos ríos y lagos, pero los accesos tienen sus complicaciones, ya que las tierras ribereñas tienen dueño y no pueden ser atravesadas. Debes utilizar accesos públicos, o bien conseguir permiso del propietario para aparcar y acceder, unas veces es gratis, pero otras veces tienes que ofrecerles unos pavos (5 a 10 $ está bien).

Llegué a eso de las 14:00 horas ya comido, localmente se come a las 12:00, a pesar de que me habían advertido que el salmón pica mucho mejor después de oscurecer. Pero quería conocer primero el río. Me aconsejaron que comenzara con "spinners", es decir con cucharillas, tipo Lucio, del tipo de las que vende la marca Mepps. Ni corto, ni perezoso me enfundo los “waders” y comienzo a vadear el Dowagiak de la presa hacia abajo con el agua por la cintura, a cañazo limpio. La corriente es fuerte en algunas zonas y el fondo irregular. Hay que andar con ojo de no caerse.

Nada mas empezar y en presencia de muy pocos pescadores, todos mosqueros, observo un joven con un equipamiento similar al mío, que viene en mi dirección por los rápidos, mientras arrastra como puede un Salmón de mas de 10 kilos ya colgado en el porta peces, también con el agua a la cintura y contra corriente. ¡Que dientes que tienen, y que feos que son los cabrones! Me empiezo a poner cachondo. ¡Ya me entendéis!.

Monté el carrete con línea trenzada amarilla de 20 libras, pero un líder corto de fluoro carbono de 8 libras, porque me han advertido que hay que trabajar así de fino. Lo primero que me doy cuenta, es que no hay manera de conservar limpia 30 segundos una cucharilla en un río de agua rápida que es una sopa de hojas. De hecho es la temporada y llueven hojas continuamente de los árboles. El sistema que me han recomendado es explorar las pozas y zonas idóneas con la cucharilla, lanzándola o mejor dejándola llevar por la corriente. El salmón no come durante el desove, me dicen, ni busca alimento alguno. Solo conseguiremos que alguno pique por instinto si le pasamos el señuelo por el morro. No obstante se espera también en el río a los Steal Heads, que son unos salmónidos oportunistas, de menor tamaño pero aún así buenos trofeos, que suben el río en pos de los salmones para comerse sus huevos. Observo varias picadas emocionantes a los pescadores de mosca pero al final, tras violentos saltos y carreras, todos logran escapar. Yo no tengo picadas. Debo aprender más sobre el río y desde luego cambiar de cebo, estas cucharillas recogen demasiadas hojas.

En mis siguientes visitas aprendo que aquí los pescadores no exploran a voleo, sino que son muy precisos tratando de poner los cebos justo en el metro cuadrado donde piensan que hay algunos salmones. El río se va llenando de salmones enormes y se los ve saltar o colear con mucha frecuencia. Me recomiendan que pruebe a pescarlos con yarn eggs, que es una imitación clásica de un huevo de salmón, realizada con una lanilla, aunque se consiguen ya preparadas con el anzuelo puesto y de todos los colores, que es lo que están usando casi exclusivamente mis vecinos los pescadores de mosca, según observo. Preparo varios aparejos con líderes cortos de 8 libras y 2 pelotillas de estas en línea o en paralelo. Las cametas deben de ser cortas, me dicen, de 50 centímetros o menos para que el plomo que se intercala las mantenga en el fondo de la corriente y no floten muy arriba. Por consejo de los locales, este plomo intercalado de barrita es muy ligero de unos 10 gramos para permitir que al tensar la línea se lo valla llevando la corriente, la idea es ir explorando “tap, tap, tap” tensando y soltando hilo para que la corriente presente el cebo de forma natural llegando al pez que permanece nadando estático en un punto de la misma.

Recorriendo el río paso al lado de un colega que mientras pesca, mantiene vivos a dos hermosos salmones, uno rosado y otro azul atados en el agua a una rama de la orilla.

Este aparejo va mejor, no recoge hojas ni se engancha, no obstante los anzuelos me resultan pequeños para las bocas que he visto. ¡Ellos sabrán!...

¡Por fin, picada! Algo vivo se mueve al otro lado de la línea. Indudablemente he enganchado un gran pez. La línea trenzada me transmite perfectamente su movimiento. No obstante pasa algo raro, el pez se resiste a abandonar el lugar en el que se encuentra, pero no huye ni pelea. Una y otra vez trato de alejarlo de su sitio ¡Ya lo vemos, está desovando, hay dos juntos! Terry, a mi lado, comenta muy risueño que el pez, obsesionado en el desove, no me está tomando muy en serio aún. Yo recordando todo el rato que mi línea tiene solamente 4 kilos de resistencia y el monstruo pesará unos 10 kilos, me mentalizo para una larga batalla. Finalmente mis esfuerzos por sacarlo de la playita donde se encuentra tienen un explosivo desenlace, dos carreras, varios saltos y coletazos. No me atrevo a cerrar más el freno. En el último salto el anzuelo vuela hacia mi cara como una bala, lo esquivo por instinto. ¡Mierda! Se ha ido.

Todavía engancho otro esa noche. Esta vez algo va mal desde el principio: Está robado por la cola. ¡Ese se irá! Ríe Terry. El pez tira como un toro. Está furioso. Me saca 50 metros de línea a pesar de que intento chapotear por el río siguiéndolo. ¡Se va a meter entre un árbol caído! Engancha la línea y escapa. Adrenalina a tope, le doy una patada al tronco.

La tarde siguiente me propongo no pescar mas a la “americana” y compro la línea de fluorocarbono mas gruesa que encuentro en la zona, de 16 libras que tampoco es para tanto, y unos mortíferos anzuelos Gamakatsu del 2. Preparo nuevos aparejos pero soy incapaz de transferir los huevos de lanilla a los nuevos anzuelos. Compro un botecito de cristal con “Auténticos huevos de salmón para cebo en aceite” que vienen varios en unas bolsitas de malla, supongo que para anzuelar todo junto. ¡Se van a enterar! Hoy no viene Terry, pero me ha pintado en un planito donde puedo encontrar un buen grupo.

Cuando me voy acercando veo un pescador allí. Me entretengo lanzando a ver si se mueve a otro sitio. Efectivamente viene en mi dirección. Lleva un “pedazo de salmón” que pasa con mucho de la media local. Por supuesto que se va del río, ya va cumplido por esta temporada el jodido. Me guiña un ojo y me suelta un localismo que no llego a pillar, mientras señala con la cabeza hacia el lugar de donde viene. Me dirijo hacia allí. Es una poza a un lado de una isleta en el río, protegida por una larga barra de arena, apenas cubierta por el agua y por tanto difícil de franquear para los salmones que encuentro esperándome en el lugar previsto: ¡No me lo puedo creer! En agua clara, observo una concentración de unos 20 salmones de tamaño parecido, pero monstruoso en cualquier caso. Algunos tan en la orilla que tienen el vientre en la arena y la aleta dorsal fuera del agua. ¡Que emoción! No siento las piernas, como Rambo. La escasa temperatura del agua tampoco ayuda. Pruebo primero con mis grasientas “Auténticas Huevas de Salmón”, sin que se produzca ningún resultado inmediato. Poco a poco les cojo las distancias y les voy colocando los huevos grasientos en el morro. Los ignoran, no están interesados en mis maravillosos huevos grasientos a 3 $ el frasquito. Como estoy corriente arriba, llego a golpearles los hipertrofiados hocicos con los saquitos de huevas apestosas que envuelven mis Gamakatsu: “tap, tap, tap”. Ni caso.

Reacciono: Cambio las despreciadas huevas por mi cucharilla Mepps favorita: La negra con pintas rojas. Parafraseando a Chiquito: ¡Adelaaanntel!. Ya con la cucharilla, y en vista de que tampoco logro interesarlos, me empiezo a pasar con ellos, vamos que les empiezo a “faltar”, les arreo en la cabeza, los robo de las aletas...lógicamente ya sin ninguna fe. El triple que llevan las Mepps solo pueden sacar un salmón de ese tamaño si está bien embocado. A todo esto ha anochecido y cuando enciendo mi linterna “de minero” observo que los cabrones ya no están en lo profundo de la poza, sino que siguiendo alguna llamada atávica, se aprestan a salvar la barra de arena a mis espaldas y se encuentran todos rodeando mis pies en poco mas de dos palmos de agua. Me daba un poco de acojono. No se porqué, no son pirañas. Pero de verlos así a mi alrededor, tocando mis botas.

Por un momento me salió el salvaje que llevo dentro, abrí mi ominosa navaja fileteadora noruega de hoja superlarga y comencé a evaluar la forma de pinchar uno, este rojillo mismo que me está rozando la bota con la cola, y sacarlo del agua como un oso. ¿Habrá alguien mirando?.

Como en los dibujos animados, afortunadamente para el salmón y desde luego para mí, porque seguro que me hubiera caído y hecho el ridículo, llenando mis vadeadores de agua, el caso es que apareció mi ángel bueno: ¿Estas tonto, para que quieres tú un salmón robado, si no te lo puedes ni comer que estás de hotel?, ¡Valla un deportista de mierda!...Lentamente reaccioné y guardé el cuchillo, les eché una última mirada a aquellos bellos salmones y me marché, de nuevo chapoteando hacia el coche. Feliz con haber vivido esa experiencia y con haber vadeado ese río de nombre exótico y visto de tan cerca estos peces fabulosos, resignado con seguir siendo un buen pescador que muchas veces no pesca nada :wub: .

FIN. Septiembre 2004

tolopesco

Aquí pescamos fondeados y a la deriva. A veces nos puede parecer la deriva más fructífera, si cebamos con gusanos. Cambiando de sitio y en constante movimiento, se consiguen muchas piezas pequeñas y de tanto en tanto alguna más gorda.

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Sin embargo se podría pensar que los peces grandes han llegado a serlo porque su mayor desconfianza les ha permitido evitar las mismas trampas y peligros que han hecho sucumbir a sus hermanos: Un cebo moviéndose a tirones, violentamente, detrás de un plomo que labra la arena del fondo, puede resultar muy atrayente para los hambrientos e inexpertos “pezqueñines” de hasta un palmo, pero difícilmente engañará a ningún veterano que haya pasado el kilogramo de peso. Eso es así también porque mientras el grande se queda dudando, el pequeño se precipita y se traga el cebo.

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A la deriva pescaremos sobre todo serranos, de hecho pescaremos todos los serranos que se encuentren con nuestros cebos. Algunas vacas serranas también, que son muy voraces, aunque no tan abundantes. Si nuestro objetivo principal fuera el serrano, no convendría utilizar cebos naturales sino metralletas de plumas que serían más eficaces en ese caso: En una zona de piedra o de algas se monta una metralleta de plumas “Flashmer” para “Bar” con anzuelos del nº 3 o del nº 4 y con un plomo de pera de unos 80 gramos al final. Este montaje se deja caer hasta el fondo y se recoge un poco cuidando que no se enganche. Se mantiene la caña en la mano y se le da algo de acción a las plumas en plan “slow jigging” o “guarring” si preferís, pero tranquilamente, a toquecitos, sin desmelenarse y cuidando de estar siempre cerca del fondo… ¡Si, se pierden aparejos! Pero es muy efectivo y el que algo quiere, algo le cuesta.

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No he mencionado a las arañas, por no abundar en la mar de Canet, pero nos entrarían con igual voracidad que los serranos en cuanto que nuestra deriva nos llevara sobre los arenales que frecuentan.

Como el serrano no es nuestro objetivo, sino trofeos de más enjundia como pageles y pargos, cambiaremos la metralleta, que también funciona sobre todo con los pargos, por un aparejo simple con plomo corrido en la línea principal, un quita-vueltas con clip haciendo tope y cogida al mismo con una gaza simple una braza de mono-filamento con un anzuelo torcido del nº 3 (los podéis comprar ya montados o hacerlos vosotros, en este caso con “fluorocarbono” de 15 libras).

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El cebo ideal es el gusano americano entero, bien pasado con aguja: Aunque es aceptable pasarlo de la aguja al anzuelo, es mejor aún pasarlo de la aguja al hilo y después hacer la gaza. En este caso entre el gusano y la pata del anzuelo se intercala una perla fosforescente que protege al gusano de romperse con el anzuelo y da visibilidad y alegría al montaje. No os debe preocupar que se vea el anzuelo. Eso si en zonas donde abunden los serranos este montaje será inviable porque los citados lo mordisquearían destruyéndolo de inmediato.

Los otros gusanos comerciales son también aceptables en mayor o menor medida: Otros cebos como langostino, calamar o sardina no me gustan tanto para deriva porque con el arrastre no se mueven de forma natural y tienden a dar vueltas sobre sí mismas. Este montaje clásico también nos dará buenas mabras o herreras derivando por la tarde/noche.

Pero como os he empezado a explicar al principio de este artículo: Conociendo donde echar el ancla, es mejor pescar fondeados: Fondeados podemos presentar nuestros cebos de la manera mas atractiva y sigilosa posible para tentar las piezas mas grandes y desconfiadas. Los serranos son territoriales, de forma que en un rato podemos despejar la docena que pueda vivir debajo del barco y ya no destruirán más nuestros costosos gusanos.

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El montaje puede ser el de plomo corrido citado anteriormente, en cuyo caso se deberá lanzar un poco lejos del barco y recoger unos metros tras tocar el agua con el plomo. Esto se hace para tender el hilo y que no se líe el mono-filamento terminal con la línea, cosa que sin duda ocurriría de dejarlo caer más o menos verticalmente. Una vez tocado el fondo debemos cuidar asimismo de recoger unos pocos metros más para tender y tensar el hilo.

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El carrete se deja frenado con la fuerza necesaria para que cueste un poco sacar hilo tirando con la mano, se mete la caña bien orientada en el cañero y se tensa el hilo un poco girando la manivela. Cuando un pez grande da el primer tirón, la cesión combinada de la puntera al doblarse y del freno al soltar unos metros, impedirá la rotura. Ahora cada vez somos más los que solo usamos líneas trenzadas (de 30 libras en este caso) que son inelásticas, por lo que ya no debemos contar con la elasticidad por elongación del nylon para amortiguar los primeros cabezazos del pez.

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En la pesca estival de la dorada que se practica en la playa en unos 3 metros de agua, se prefiere dejar el freno suelto de forma que el pez se lleve el cebo arrastrando hilo sin recelo. A mi me gusta mucho utilizar para esta pesca nocturna unos carretes pequeños y económicos tipo Daiwa Regal que llevan una carraquita y suenan al sacar hilo aunque estén sueltos.

En Canet pescamos a fondo desde los 2 o 3 metros de la dorada que acabamos de mencionar hasta los 40 en que se acaban las piedras.

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Este aparejo de plomo corrido simple es muy eficaz y ladino y permite dejar puestas varias cañas como en el surf casting y descansar mientras se las vigila. Sin embargo los “campeones” que pescan con una sola caña siempre en la mano, utilizarán el aparejo de paternóster: A mi me gusta con dos anzuelos, hay quien prefiere con tres, mas de tres solo se utilizaría en el chambel de gran fondo, donde hay que “amortizar” el tiempo y el esfuerzo de subirlo, trayendo varias piezas,.

El mejor paternóster se hace con perlas perforadas y cuando mayor sean las brazolas mejor se engañará al pez, pero hay que llegar a un compromiso con la manejabilidad, un aparejo que siempre sale liado no pesca. 20 centímetros para la de arriba y 50 para la de abajo sería un buen compromiso, aunque si podéis manejar brazolas mas largas de hasta 1 metro es mucho mejor.

Las dos brazolas se atarán de forma que no puedan tocarse sus anzuelos, de otro modo tendréis más de una liada. Al extremo final de este aparejo se pone un clip con quita-vueltas donde se podrá cambiar el plomo que mas convenga según la profundidad y la fuerza de la corriente. En el extremo inicial una gaza será suficiente para cogerlo al quita-vueltas donde acaba la línea principal de vuestra caña. Estos “paternosters” pueden medir mucho más de un metro, por lo que necesitaremos cañas largas para manejarlos con comodidad, hoy se ven en tiendas y concursos cañas largas de hasta 4 metros cuya mayor utilidad es presentar bien los aparejos terminales largos.

Los aparejos me los hago en casa, cómodamente sentado en mi sillón de lectura favorito: Hay que llevar varios preparados porque en una mañana de pesca podemos romper 3 o 4 fácilmente, además habrá que llevarlos mas grandes con anzuelos hasta el nº 2 y más pequeños hasta el nº 4. Yo no gasto menos del 4 porque aquí no se pescan julias ni galanes al no ser abundantes, aunque haberlos, los hay.

Tomo prestado aquí el excelente diseño del bicampeón mundial Andrés Lopez Smit.

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Carretes valen todos los que no sean de gran tamaño. Si podéis permitíroslo, un Shimano Twinpower 4000 no os defraudaría, con una caña de fondo de carbono de más de 3 metros con punteras intercambiables como las Sert Boat. Os menciono marcas y modelos para ser mas preciso pero ¡Que duda cabe que cualquier otro modelo similar os será de parecida utilidad.

Plomos de pera, mejor con quita vueltas, entre 80 y 120 gramos nos servirán en la mayoría de las situaciones para los aparejos tipo paternóster. Los mismos pesos en plomos tipo oliva o canuto servirán para los aparejos de plomo corrido.

Saludos cordiales,

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