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Artículo de pesca de
Valenciano
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Introducción |
¿Cómo ven
los peces marinos? ¿ven los peces de mar el color? ¿cómo perciben los colores?
¿los perciben del mismo modo que nosotros?
Para
nosotros, resulta muy difícil comprender realmente como ven unos animales cuya
arquitectura ocular esta diseñada para un medio, el acuático, unas mil veces mas
denso que la atmósfera. Nuestra vista, en una atmósfera muy limpia y con
luminosidad optima, como la de un día soleado, puede alcanzar una treintena de
kilómetros; Los peces parecen tener el limite de visión a unos 15 metros
y, con frecuencia, esta frontera visual esta bastante mas próxima, tanto por
factores intrínsecos de la propia especie íctica (fisiología y estructura del
ojo) como por factores ambientales que disminuyen la penetración o trasmisión de
la luz en el medio acuático (limos en suspensión, desarrollo fitoplanctónico....)
de ahí que se diga faltando bastante a la verdad, que los peces son miopes.
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Visión
binocular |
Al
observar a un ejemplar de lubina, de corvina, de sargo, ... la posición de sus
ojos puede inducirnos a error, haciéndonos creer que un objeto es visto con uno
u otro ojo, pero no con ambos, y sin embargo no es así, los peces poseen un
campo de visión binocular situado allí donde les es mas útil para
hacerse con su alimento, delante de la boca. Además, en este campo
binocular anterior es donde su vista es mas aguda y no solo porque ahí dispongan
de la capacidad de apreciar distancias, aspecto este tanto necesario para
capturar a sus presas (pececillos, crustáceos, moluscos....) que forman parte de
su dieta. Puesto que la estima de distancias resulta imprescindible par tener
éxito en la regularidad de sus capturas.
En
algunas especies ictívoras este campo de visión binocular se amplia con una
disposición casi frontal de los ojos. En estos peces, la movilidad y velocidad
de sus presas exige una notable capacidad para medir distancias, de otro modo
falla en la acometida y la presa escapa; la sanción de esta deficiencia a largo
plazo, seria muy grave: la especie se extinguiría, incapaces sus integrantes de
solucionar su necesidades nutricias con cierta regularidad.
La
estructura del ojo de un pez es muy semejante a la del ojo humano, la gran
diferencia radica en que su cristalino es esférico y no bincóncavo.
Pero
aquellas especies donde la disposición de los ojos es claramente lateral
(la mayoría de los peces marinos) la visión binocular se explica
al considerar que el cristalino de los peces es esférico y no se asemeja en su
forma a una lenteja, a una lente bicóncava, como en nosotros.
Además de
su forma esférica, el cristalino de los peces tiene también otra característica
destacable: posee el más elevado índice efectivo de refracción conocido en los
vertebrados, lo que significa que las imágenes son trasmitidas
a la retina sin y con muy escasa distorsión
Otra
diferencia destacable en la relación con el cristalino afecta al modo de enfocar
los objetos. En nosotros, el cristalino adelgaza o se acorta y ensancha por la
acción de los llamados músculos ciliares, permitiéndonos así enfocar objetos
lejanos y cercanos respectivamente. En los peces la acomodación visual a la
distancia, el enfoque de objetos situados a distintas distancias del pez se
produce por un desplazamiento hacia delante o hacia atrás del cristalino
esférico, lo que realizan los llamados músculos retractores.
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Campos
laterales |
Esfericidad del cristalino y resalte ocular que explica también el amplio campo
de visión lateral (el pez ve hacia arriba, hacia abajo, y hacia atrás). Hecho
que, traspasado el campo de la fotografía, ha dado lugar a que coloquialmente se
denominen “ojos de pez” a los objetos de tipo gran angular. El campo de visión
global de un pez genérico se asemeja, así, al haz luminoso que saldría de una
linterna de lente hemisférica a la que se le hubiese desprovisto de la arandela
final que limita lateralmente su luz.
Sin
embargo, en estos campos laterales de visión monocular no le es posible medir
distancias con precisión y son mas útiles para detectar movimientos que
para obtener imágenes nítidas, tal y como nos sucede a nosotros con aquellos
objetos o sujetos de los que percibimos su movimiento por el rabillo del ojo,
sin que podamos precisar que es lo que se mueve hasta no orientar la cara en esa
dirección. Algo que también hacen los peces, disponiendo su cabeza en dirección
al objeto que se mueve en uno de sus campos de visión lateral, para
identificarlo.
En estos campos laterales de visión imprecisa, una baila, una
anjova,..... pueden ser engallados mas fácilmente por un señuelo (artificial,
cucharilla.....) que se desplaza por uno de ellos que si este atraviesa su campo
visual delantero. En el campo lateral basta con que parezca una presa, en el
frontal se le ha de convencer de que es una presa.
Aunque,
insisto, el pez para embocar orientara primero su cabeza hacia aquel supuesto
alimento cuyo movimiento a detectado con uno de sus ojos. Pero solo si este
supuesto alimento reúne otras características (velocidad, vibraciones
emitidas,...) y se dan ciertas circunstancias achacables al propio pez (apetito,
actividad de caza,....) la respuesta que se producirá es la que deseamos: el
ataque a nuestra muestra. Así, por ejemplo un objeto simplemente atisbado en el
campo lateral que parece acelerar para huir, será atacado por el róbalo sin
dilación, antes de que escape,.... si esta de caza. Entonces es fácil engañarlo.
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Conos
y bastones |
La
retina, capa ocular donde los rallos luminosos van a producir reacciones
fotoquímicas que, transmitidas por el nervio óptico, serán interpretadas por el
encéfalo, posee en los peces, como en nosotros, dos tipos celulares: conos y
bastones.
Estos
últimos, excitables por haces de luz débil, proporcionan una visión
monocromática (distintos tonos de gris) semejante a la que nosotros tenemos en
condiciones de semipenumbra (vemos la silueta del árbol que se recorta sobre la
ultima claridad del cielo pero no podemos distinguir el color de sus hojas).
En
bastantes peces, como la oblada, la densidad de células sensibles al
calor se sitúan en la parte baja de la retina.
Los conos
solo se excitan con luz intensa y son los responsables de la visión en color.
De mayor o menor densidad de estas células en la retina dependerá la mayor o
menor sensibilidad visual para los colores.
En
general la discriminación de colores es notaria en todas aquellas especies que
desarrollan sus cielos vitales en aguas transparentes y bien iluminadas, lo que
es aplicable a las litorales donde el pescador deportivo ejerce su actividad;
Por el contrario, esta muy disminuida en aquellas ictioespecies que habitan en
aguas profundas, o donde domina la opacidad.
En estos
peces pierde importancia la visión cromática (y aun la visión a secas) a favor a
otros órganos sensoriales (barbilones, peribucales, línea lateral, olfato,...) y
mas útiles en estas condiciones para detectar el alimento.
Los peces
depredadores con actividad nocturna, como el congrio y la morena,
debe tener un buen olfato que les guié y un predador de biotopos opacos
detectara a un pececillo con natación irregular a través de las ondas de presión
que viajan por el agua y que reciben su órgano sensitivo lateral, por su línea
lateral.
La
desigual importancia de visión en distintas especies ícticas queda reflejada, en
alguna medida, en los diámetros oculares relativos. La lubina por
ejemplo, especie diurna que tiene su campo de acción en aguas someras y en la
proximidad de la interfase “agua- aire” donde captura a sus presas móviles
(camarones, gambas, angulas, lanzones,....) tiene un diámetro ocular
relativamente grande para su tamaño.
Por el
contrario, el rape, cuyo ciclo vital transcurre en el fondo de aguas mal
iluminadas tiene un diámetro ocular bien reducido en comparación con su cuerpo.
El
besugo, (pagellus acarne), que tiene ojos bien grandes para su talla, habita
a profundidades donde la luz recibida es muy tenue; digamos que su estrategia de
percepción es agrandar sus ojos para recoger la débil claridad de las aguas.
Siendo
esta disparidad de diámetros indicativos en buena medida de la importancia que
tiene la visión en los ciclos vitales de las especies ícticas, son las muy
distintas densidades de conos y bastones los últimos responsables de una vista
mas o menos aguda.
Y hay una
estrecha correlación entre la claridad de visión cromática, los hábitos
alimenticios y la posición marina que suele ocupar cada especie en el seno
acuático. Y tan posible es explicar esa agudeza cromática en función de estos
hábitos, posición.....como estos en función de aquella, pues en ecología no
tiene sentido hablar de relaciones simples causa- efecto sino de interacciones
(relaciones reciprocas). Dicho de otro modo: existe una presión selectiva, que
se manifiesta en adaptaciones y en evolución, que relaciona capacidades
biológicas (por ejemplo la claridad de la visión) y función en el ecosistema, o
con mas propiedad, nicho ecológico de la especie.
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Peces
"Visuales y Ciegos" |
Los
predadores de superficie, ya sean macrodepredadores (palometones,
corvinas,....) o mesodepredadores (sargos, mojarra,
raspallón,....) presentan un alto numero de conos por unidad de superficie
retiniana y, en consecuencia, una gran agudeza visual para los colores;
son peces que llamaremos visuales.
En el
extremo opuesto se encuentran los habitantes de aguas profundas (donde la
luz que llega es poco intensa y monocromática) o especies de hábito nocturnos,
que carecen de conos o los tienen de baja densidad. Estas especies tienen poca
capacidad para discriminar colores, son ciegos- o casi- para el color.
Bien
conocido de los pescadores es que bastantes peces carnívoros (anjovas,
bailas, róbalos) muerden las muestras que el pescador les ofrece en
las proximidades del plano acuático en atardeceres y amanecidas, en momentos de
sombra larga. La baja intensidad lumínica de estos instantes explica que
(en igualdad que en otros factores influyentes) las picadas sean mas
abundantes en estos momentos de luz deficitaria, cuando es mas fácil con
estas imitaciones de sus presas que son los señuelos.
Aunque,
con rigor, hemos de adelantar que los ritmos endójenos de alimentación tienen
que ver mucho en este morder en los momentos crepusculares por estos y otros
peces, como los salmones en el mar.
Por el
contrario, los peces visuales (de hábitos diurnos, habitantes de las aguas
superficiales, depredadores) suelen poseer un relativamente menguado del olfato;
así se interpreta el escaso desarrollo de los centros olfativos del encéfalo,
muchos menores que los centros visuales. Parece, que su estrategia vital fía el
éxito mas en la visión que en el olfato, justo lo contrario de lo que ocurre a
los que hemos denominados “ciegos”para el color, donde el olfato toma el
relevo de la visión y adquiere clara preeminencia en la obtención de
información del medio.
Estas
aproximaciones genéricas, gruesa, a la realidad, deben ser particularizadas para
cada especie íctica concrete. Así por ejemplo la anguila, con una
extraordinaria sensibilidad olfativa tiene unos tres millones de bastones
(visión monocromática) por cada milímetro cuadrado de superficie retiniana, lo
que puede parecer excesivo para un pez que esta guiado por su olfato antes que
por su vista. Pero los ojos de la anguila en el río están aguardando su etapa
marina, cuando las anguilas europeas tengan que efectuar esa larguísima
migración hasta el mar de los sargazos para reproducirse; migración que
efectuara en profundidades de varios centenares de metros bajo la superficie
oceánica. Entre los cambios que proceden inmediatamente a la migración esta, en
la anguila, un crecimiento notorio de los ojos y sus bastones adquieren el
pigmento visual típico de los peces marinos, la rodopsina, y no el que
carateriza a las especies propias del agua dulce, la porfirpsina.
Tanto en
los de acusada visión monocromatica pero con escasez de conos (ciegos para el
color) como en aquellos que hemos adjetivado de visuales, la distribución de
conos y bastones en sus retinas no sigue una pauta regular.
En
general, la región posterior de la retina (donde inciden los haces luminosos
provenientes de su campo binocular anterior) presentan una mayor densidad de
conos y/o bastones que el resto de la superficie retiniana, lo que explica que
en este campo delantero la discriminación de formas y colores sean mayor que en
los campos laterales.
A este
modelo genérico hay que superponer, de nuevo, las peculiaridades de las
distintas especies ícticas.
Por
ejemplo: en la oblada, la región inferior de la retina (donde inciden
directamente los rallos luminosos) tiene una densidad de conos
significativamente mayor que la superficie retiniana superior (donde se captan
los haces que proceden de debajo del animal) ; y además poseen estos conos una
mayor diversidad de pigmentos fotosensibles, que los hace sensibles a distintos
colores, así, este pez, o el atún, tiene un subcampo optimo de visión delante y
algo encima de su cabeza, y con frecuencia ambos atacan la muestra que el
pescador le ofrece siguiendo una trayectoria oblicua ascendente.