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Los Cangrejos en Cuba


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Hola :cumple:

Como lo prometido es deuda, aquí­ va un post sobre cangrejos en Cuba. Es algo largo, pero es que todaví­a no he podido desarrollar un adecuado poder de sí­ntesis.

Saludos,

:pescando2:

Llevaba dos meses preparando una salida de pesca con mis compañeros de trabajo. Hemos formado un “Club†de pesca informal, que agrupa a unas quince personas, todos interesados en la pesca como deporte. Es un “Club†bastante elemental, yo digo que funciona muy parecido a cómo lo hací­an los primeros grupos humanos en la misma comunidad primitiva: no tiene jefe o responsable, no emplea el papel dinero (aunque lo conoce) sino el trueque y practica el nomadismo.

Cada miembro realizaba una función especí­fica dentro de la “comunidadâ€: unos cocinaban sin que nadie se lo pidiera, otros buscaban la leña para el fuego, otros procuraban la carnada y otros sólo salí­an de pesca, así­ de llano, sin hacer otra cosa. Yo era el encargado de procurar el combustible.

Así­, de forma espontánea, decidí­amos a dónde irí­amos a pescar y cómo llegarí­amos. Casi siempre la elección era Playa Girón: un pintoresco paraje en la Bahí­a de Cochinos que colinda con la Ciénaga de Zapata, uno de los más grandes humedales o pantanos del caribe y quizás del mundo, al sur de la provincia de Matanzas, Cuba. Se encuentra a 200 Kms de La Habana, pero el viaje es rápido pues las carreteras -sin ser excelentes- están bastante buenas y cómodas.

Casi siempre utilizábamos un furgón ZIL, de esos que usaban los rusos hace 35 años y que todaví­a es usual ver rodar por las calles y carreteras de mi paí­s. De una robustez como no se ve en ningún otro camión, el ZIL es idóneo para transportar hierros, troncos de madera, materiales de construcción y cualquier cosa, excepto seres vivos –incluyendo plantas. Cuando uno pasa unas horas sobre ese monstruo sin amortiguadores, parece como si se le hubieran licuado las tripas. Pertenecí­a a la empresa minera de la capital donde trabajábamos y su director lo prestaba de buen grado, pues compartí­a con nosotros su pasión por la pesca deportiva, habiéndose logrado una afinidad tal entre la dirección de la empresa y el sindicato, que el camión siempre estaba disponible cuando los pescadores de la empresa querí­amos utilizarlo.

Salimos un viernes a las 12 del dí­a, de manera que llegáramos al pesquero seleccionado antes del anochecer, pero con el sol bajo. Tení­amos de todo: hielo, aví­os, algo de ron, combustible suficiente, comida, carnada... y unos deseos inmensos de llegar a Playa Girón. El lugar seleccionado para montar el campamento principal estaba a 14 Km del pueblo. Es un lugar conocido como “Caleta del Toroâ€. Tiene una explanada de piedras lisas que es poco usual en un lugar plagado de afilados arrecifes que van desde la misma orilla del mar hasta el lugar donde comienza la franja de vegetación que sirve de frontera al monte.

El viejo camión se comportó a las mil maravillas. Hubo un momento en que la lluvia no nos dejaba casi avanzar. El problema es que el furgón tení­a tantos huecos en el techo, que lloví­a más adentro que afuera. Decidimos entonces hacer una parada a 80 Km de la Habana y esperar que escampara en una cafeterí­a de comida rápida que hay en la Autopista Nacional. A las cinco horas estábamos llegando a Playa Larga.

La carretera que va desde Playa Larga a Playa Girón bordea la Ciénaga de Zapata y por momentos se acerca a menos de 50 metros del mar. Es muy pintoresca, pues la vegetación de la zona es muy variada y además, sirve como “frontera†artificial a dos ecosistemas diferentes: uno costero (al sur) y otro de humedal (al norte). O sea, si uno observa el paisaje por la ventanilla derecha del vehí­culo, encuentra una costa de arrecifes desprovista del más mí­nimo indicio de vegetación. Si observa por la otra ventanilla, puede ver todo un monte tropical sobre el pedazo de tierra más seco que posee la inmensa ciénaga. Si se adentra en el monte, la humedad va aumentando hasta convertirse en un pantano poblado de lianas y fundamentalmente de mangles.

A la salida de Playa Larga la carretera hace una curva en “sâ€. El chofer la conocí­a, porque habí­amos pasado por ella varias veces, aunque nunca en Abril. Al detenerse el camión, todos pensamos que era una averí­a: no estábamos acostumbrados a realizar un viaje sin percances técnicos. El cielo permanecí­a nublado, pero no lloví­a. Me bajé del camión y avancé unos pasos hacia la cuneta de la carretera. Fue entonces que pude observar la causa de la detención del camión.

A lo largo de la carretera y hasta donde alcanzaba la vista, se extendí­a una nata de cangrejos que marchaban en la misma dirección: de norte a sur. Millones y millones de individuos se desplazaban rí­tmicamente a desovar en el mar. Todos avanzaban mirando al este, hacia la posición donde se encontraba el sol. Para que se tenga una idea de la solidez de la mancha, no era posible dar dos pasos por donde marchan los cangrejos sin pisar alguno. En un metro cuadrado de superficie se pueden contar no menos de 25 cangrejos. Un sencillo cálculo matemático indica que una mancha de cangrejos de dos kilómetros de largo en una franja de 7 m de ancho que tiene la carretera posee no menos de 350 000 individuos. Imagí­nense entonces que la mancha de cangrejos se extienda por 15 Km y tenga no menos de 1 Km de ancho: eso arroja un total de ¡375 millones de individuos migrando en una sola noche hacia el mar!.

Bueno, volvamos a nuestra historia: El camión se encontraba detenido detrás de una fila de alrededor de diez vehí­culos de turistas europeos, que se habí­an arrimado a la cuneta y sus pasajeros se habí­an bajado a filmar el espectáculo. También temí­an poncharse, pues aunque la macha de cangrejos comenzaba cerca de Playa Larga, se extendí­a por varios Km. Es por eso que prefirieron esperar que pasaran, al menos la mayorí­a. Nosotros estábamos ansiosos por llegar a Caleta del Toro, así­ que después de llenar un par de sacos de cangrejos, continuamos el viaje. Dentro del furgón se sentí­an los chasquidos permanentes de los carapachos aplastados por las ruedas del camión.

De color negro y rojo, los millones de cangrejos ermitaños en marcha hacia la orilla del mar constituyen un espectáculo impresionante. Poseen una muela pequeña, que es la más potente, y otra más grande, a veces de más de 15 Cm. La muela grande la utilizan para aguantar la comida, mientras la pequeña es empleada para desgarrar los pedazos que se llevan a la boca. La muela grande apenas puede utilizarse como carnada, por su escasa consistencia. De la muela pequeña y las patas se extrae la mejor carne para carnada. Es algo más dura y consistente.

Estos cangrejos no pueden comerse. Poseen una carne blanca muy suave en las muelas, pero por la dieta que llevan cuando están en tierra, en la ciénaga, provocan una disenterí­a aguda y vómitos que deben ser tratados como la ciguatera, o sea, con Manitol. Ahora, constituyen una buena carnada. En la época de la migración de los cangrejos abundan la rabirrubia, el ronco y la biajaiba. Son peces que suelen alimentarse de las huevas de cangrejo, pero que no desdeñan la posibilidad de arrancarles una pata a los progenitores, como “complemento cálcico†de su dieta, por lo que merodean los parajes donde suelen desovar los cangrejos.

Cuando llegamos a Caleta del Toro, la afluencia de cangrejos habí­a amainado. Bajamos nuestras cosas del furgón y establecimos el campamento central. Mi hijo y yo nos apartamos alrededor de 500 m del furgón, escogiendo para pescar una punta en el arrecife, a una altura de dos metros sobre el nivel del rompiente.

A 4 m de la orilla colocamos nuestras mochilas y cañas, y nos dispusimos a pescar. Es en ese momento que me percato de que muchos cangrejos permanecí­an escondidos en las oquedades de las rocas. Nunca pensé en ese momento los trabajos que me esperaban para la madrugada.

La pesca transcurrió como siempre que vamos a Caleta del Toro: sólo pequeños peces eran sacados a caña. Una pintadilla de aproximadamente cinco libras me mordió mi único jig y después de tres saltos espectaculares me cortó el leader, dejándome sin mi preciado señuelo.

Llegó la noche y después de comida ya casi no se podí­a sentar uno sin hacerlo sobre los muchos cangrejos que se desplazaban hacia la orilla. A las 11 de la noche le preparé a mi hijo una hamaca entre dos arbustos con la lona que nos serví­a de cobijo, pero al poco rato los mosquitos lo expulsaron de allí­: a gritos me pidió que lo bajara de la hamaca (tení­a 6 años) y lo llevara junto al mar, el único lugar donde los mosquitos no eran insoportables.

Claro que fui corriendo y lo traje: ya me imaginaba a su mamá diciéndome: -¡No te vuelves a llevar al niño!. -¡Mira como lo has traí­do, lleno de picaduras y postillasssssss...!

Limpié un área de un metro cuadrado, coloqué la manta y sobre ella acosté al niño. Antes de taparlo, ya habí­a tenido que sacar dos cangrejos de entre los pliegues de la manta. Me percaté que si me alejaba un par de metros, me iba a ser imposible evitar que los cangrejos le caminaran por encima.

Sin que se diera cuenta, lo cargue y lo llevé al camión, para acostarlo donde pudiera.

La cabina estaba ocupada por tres personas. El piso del furgón, mojado. No habí­an bajado las tres grandes hieleras que llevábamos y el agua frí­a escurrí­a de ellas hasta la puerta. El único espacio vací­o estaba ocupado por siete personas (un par de metros cuadrados).

Me percaté que allí­ no podrí­a dejarlo. Además, los mosquitos se hací­an sentir también.

Regresé a la orilla, a nuestro lugar. Al menos allí­ casi no habí­an mosquitos. Pero habí­an cientos de cangrejos. No habí­a una piedra que no tuviera tenazas. En el silencio de la noche se oí­a el murmullo que provocaban las patas de los cangrejos al arrastrarse hacia el mar.

Mientras pude, mantuve al niño cargado con una mano, mientras con la otra sostení­a la caña, ingeniándomelas para hacer unos tiros cortos a fondo. Eso es lo que yo llamo “vicio de pescaâ€. Pero no picaba nada.

Decidí­ colocar al niño nuevamente sobre la manta. No podí­a apartarme. Constantemente tení­a que estar apartando los cangrejos, que se le encimaban amenazadoramente con sus tenazas. Tení­a a mi lado un bichero, el que usaba como estaca para matar los cangrejos. Tienen el cuerpo lleno de un lí­quido apestoso que me salpicaba cuando les daba un estacazo. No me podí­a quedar dormido, era como una tortura china no poder dar ni un pestañazo.

El niño dormí­a plácidamente bajo el cielo, plagado de estrellas, como nunca puede ser visto en una ciudad y sólo puede ser visto a la orilla del mar en una noche de luna nueva.

No veí­a el momento en que el sol saldrí­a: Daba por seguro que al salir el sol, los cangrejos dejarí­an de moverse hacia el mar, esperando la caí­da de la tarde. Los ojos me pesaban como si fueran de plomo y la carita de mi hijo enrollado en la manta me daba una “envidia†envidiable.

Al fin amaneció, y con el sol, los cangrejos dejaron de verse casi por completo. Yo permanecí­a sentado justo al lado de la manta donde dormí­a el niño. A nuestro alrededor habí­an más de trescientos cangrejos muertos. Al menos habí­a garantizado la carnada y el engobe de la mañana. Ahora estaba por ver si mi maltrecha psiquis aguantaba la mañana sin dormir. Mi amigo Juan Carlos llegó en el momento en que me estaba quedando dormido y mi hijo se despertaba.

-Papá, voy a hacer pipi, quí­tate de ahí­ para coger los zapatos, me dijo.

Juan Carlos se los alcanzó y le dijo: -Ven, yo te cargo hasta la orilla y después te llevo a tomar la leche, que ya la están calentando.

Recostado sobre una piedra como estaba, me costaba trabajo enderezar las piernas para erguirme. “Esta es la mí­aâ€, pensé, al fin podré tirar un lance...

Tomé la caña y realicé uno de los lances más largos que recuerde. Comencé a recoger el jig a un ritmo lento, imprimiéndole a la punta de la caña un movimiento de péndulo horizontal a medida que la lí­nea era rebobinada. La picada no se hizo esperar, y pude ver cómo a 50 m de la orilla un enorme dorado saltaba del agua.

¡Un dorado en la orilla del mar, eso sí­ que es raro!...

Comencé a cobrar la lí­nea de 22 lbs y el dorado la recuperaba, sacándola del reel a tremenda velocidad. La punta de la caña siempre alta, como me habí­a enseñado mi amigo Cuza para la pesca de esta especie. Cada salto hacia adelante del dorado, la caña atrás para mantener un mí­nimo de tensión en la lí­nea, y siempre que se pudiera, cobrando. De repente, la lucha amainó y la velocidad del recobrado aumentó. Mi carrete, con una relación 5.2:1 se comportaba estupendamente. “¿Quien iba a decir que un carrete de quince dólares se portarí­a tan bien, eh?

Ya el dorado estaba casi en la orilla. Hací­a algunos esfuerzos por alejarse de la costa, pero ya no podí­a sacar lí­nea. Estaba vencido. Con cuidado lo “remolcaba†hacia mí­, tratando de mantener la tensión de la lí­nea y la punta de la caña en alto. Un halón de la caña hacia mí­, y al bajar la punta, lo hací­a cobrando lí­nea al reel.

...Tiene como siete libras, ¡Ya está justo en la orilla, voy a tomar el bichero, que reposa junto a mí­â€... Así­ voy pensando, cuando siento una voz lejana que me dice:

-¡Papá!, ¡Papá! Aquí­ tienes tu leche, te la he traí­do. Espero que esté caliente todaví­a...

Muy a mi pesar, abrí­ los ojos. Mi hijo sostení­a frente a mí­ un vaso de leche humeante. A cuatro metros detrás de nosotros podí­a ver mi caña, empapada de rocí­o, reposando en el piso, esperando que el dueño se recuperara para ponerse a trabajar.

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Una historia muy interesante! Debe ser todo un espectáculo semejante cantidad de cangrejos en procesión. Se repite cada año ésta migración?

Lástima qe el dorado solo fuese un sueño... por cierto, como acabó la excursión de pesca? Pescasteis algo?

1 Saludo!

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Hola carcharodoncarcharias, precioso relato. Aqui hay una revista (pesca a bordo), que ha hecho una especie de concurso de narraciones pesqueras.

Guarda la narración para el año próximo y seguro te llevas algún premio, sin duda la tuya esta al nivel de las mejores :pescando2: .

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Muy bueno Fabio 10 puntos.

Ademas de agradecerte este hermoso documento, agradecerte tambien el ratito que te habra llebado el prepararlo aparte de la exquisites de su redaccion.....

Un abrazo..........................................................................

....................... :pescando:

...............((( ;) ))):::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

::rrr, rrr, rrr

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Hola!

Interesantisimo el tema de la migración anual de los cangrejos para reproducirse.

Ignoraba que tambien se producia en Cuba.

En la TV, en alguna que otra ocasión, he visto documentales, pero se referian siempre, al mismo fenómeno anual en determinadas islas de pacifico.

Serí­a muy interesante si pudieras colgar alguna foto.

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